lunes, 29 de octubre de 2007
Vergüenza e indignación
Que el agresor es mongolo no se puede negar, así que dejaré ese tema para otro momento. Que fue una putada en toda regla y al azar, tampoco voy a discutirlo. Lo que realmente me parece deleznable es la persecución mediática a la que se está sometiendo al pobre chico argentino que tuvo la mala suerte de estar ahí y de actuar como habríamos actuado seguramente la gran mayoría, cagándose por la pata. Que ya han salido fotos de su primera comunión, por el amor de dios... Y que se hayan publicado largos fragmentos de su blog! Que uno publica un blog consciente de que lo van a leer, claro que sí, pero no que tendrá esa difusión... Y lo que es peor: justificando su cobarde actuación (o no-actuación) por el mero hecho de que el chico en cuestión es gay y tiene una personalidad atormentada y sufridora. Se atrevían a transcribir que todo esto estaba destrozándole la vida y se quedaban tan anchos pareciendo olvidar por un momento de que iba todo el tema. Es más, lo contraponían con el caso de un chico que al parecer murió en defensa de una mujer anónima, como ejemplo de lo que si se debería haber hecho como persona de bien.
Me sentí roja de ira e impotencia. Sentí todo el peso de la telebasura tocando fondo.
viernes, 19 de octubre de 2007
Precaución, amigo conductor
Tamara es una completa gilipollas, las cosas como son : pija de las auténticas, de las que parecen una caricatura de si mismas, supuestamente con estudios pero en la vida ha dado un palo al agua ni hay expectativas de que lo vaya a hacer en algún momento, más que pasear su palmito de Preysler de segunda por las revistas y por las bodegas de su padre, marqués para más inri.
A pesar de todo esto a Tamara y a mí nos une algo muy especial, que le tengo un cariño, oye. Tengo que reconocer que yo aprobé el carnet de conducir gracias a Tamara Falcó, y no me avergüenzo de ello, ni mucho menos. Sí, ya sé que Tamara no es muy ducha al volante. Que una vez empotró su precioso Mini Cooper en una floristería o en un Starbucks o algo así. Que pocos meses después se quedó sin gasolina en medio de la autopista, lo sé.
Déjenme explicarme, no sean impacientes. Hace un tiempo, estando yo a punto de examinarme de la parte teórica del carnet de conducir, la DGT decidió cambiar de improviso el tipo de examen. Supongo que tan de improviso no sería, pero para mí fue algo muy sorpresivo, ya que llevaba yo en mi haber dos millones cincuenta mil test y me sabía las preguntas al dedillo. Que no me pillaban ni con vehículos especiales ni con ruedas de recambio, vamos. Y de repente, cuando mi cerebro estaba completamente preparado para dar una conferencia sobre mecánica, cuando estaba al acecho de cualquier pregunta trampa, vigilante para las señales borrosas o ambiguas, plafff! Van y me cambian el examen y lo hacen para tontos, para gente que ni siquiera había abierto el manual! Y lo peor de todo es q ni siquiera existían aún test a modo de ejemplo para que yo pudiera prepararlos!
Entonces, desesperaíta perdía, recé una oración a Santa Tamará Falcó... Nooooo... Entonces llegó el fatídico día del examen, con los nervios a flor de piel. Me dieron el examen. Me sabía la mayoría, dudaba en un par de ellas y las fui contestando como pude. Mi gran duda era algo referido a un chaleco reflectante en la autopista, no me acuerdo cómo era exactamente la pregunta. Sólo sé que llevada por los nervios tuve un momento de iluminación en medio del examen en el que vi a Tamara Falcó con su chaleco reflectante sin gasolina en medio de la autopista. Contesté sin vacilación y aprobé, señores míos.
Otro día contaré como aprobé el práctico gracias a los amuletos de cartón que llevaba en los pies, pero eso es otra historia.
lunes, 15 de octubre de 2007
La que se avecina
Hoy he visto en el telediario que en una aldea de Pontevedra van a alquilar una casa para evitar así que una familia gitana que tiene dicha vivienda apalabrada se instale en el pueblo. “No somos racistas –dice una señora, muy dignamente- sólo que preferiríamos que gente normal viviera en esa casa”. Han echado cuentas y por el módico precio de 15 € al mes e hipotecándose de por vida podrían evitar que los pobres chachos vivan bajo ese techo. Incluso están dispuestos a pagar más dinero con tal de evitarlo.
En mi edificio tenemos un piso marcado por la mala suerte, el inmediatamente inferior al mío, el 5ºA. Sus inquilinos se iban sucediendo a cada cual peor. El primero que llamó nuestra atención era un pobre esquizofrénico, un locuelo de los de toda la vida que bebía los vientos por mi madre desde la infancia. Pues ese mismo fue el primero que nos tocó en suerte. Y durante unos meses venía a casa para invitarnos a tomar café, preguntando por mi madre. No parecía extrañarle que le dijésemos siempre que estaba de viaje, ya que él respondía “A Grecia, ¿no?”, destino que mi madre visitó hace muchos años. Este locuelo ponía música a todo volumen por las noches para desesperación de Carlitos, al que le coincidía justo debajo de su cuarto. Otro cantar es que mi hermano, espero que contagiado por la locura y llevado por el insomnio, le respondiera botando el balón de baloncesto con rabia. ¡Cómo si mi melómano y locuelo vecino se fuera a enterar! Mi madre lo evitaba utilizando mil recursos, ya que se lo encontraba con frecuencia en nuestra calle, hasta que descubrió que a cada paso él se giraba para comprobar que nadie lo seguía, así que cuando el locuelo miraba hacia atrás, mi madre conseguía hacerle un requiebro. Acabó adquiriendo gran habilidad.
Al cabo de unos meses se fue el locuelo, creo que volvió a casa de su madre o algo así. Cuando por fin empezábamos a respirar tranquilos, llegó Maruxela. Esta chica resulta que es prima lejana mía, ni hecho a propósito, vamos. Se había trasladado a mi edificio desde no sé donde, con su madre. Yo hacía tiempo que le había perdido la pista a Maruxela, tiempo suficiente para que la mujer se hubiera convertido en una yonki de cuidado, que intentara suicidarse repetidas veces y que tomara por norma atracar a todo mi barrio cuando en el edificio le cerraron el grifo, cansados de tanto abuso. Pero es que a pesar de su mala vida, Maruxela seguía siendo una mujerona de dos metros (o eso me parecía a mí) y daba un poco de miedito. Yo miraba las escaleras cada vez que llegaba a casa, no fuera a ser, que una es poquita cosa.
Después llegaron las noticias de que todo el barrio estaba harto de sus sablazos, los suyos y los de su aparentemente resignada madre. En mi edificio querían echarla y no sabían como. Empezaban a surgir rumores sobre el lugar donde ponía el anuncio la dueña del piso y mi hermano echaba cuentas sobre cuánto pagaríamos si alquilásemos el piso entre todos, como los de la aldea esa. Mi hermano creo que quería montar un gimnasio o un jacuzzi vecinal, algo así. Y entonces apareció un día el padre de Maruxela y se la llevó. Y antes de que nos diera tiempo a montar el jacuzzi, entró una italiana de pomposo apellido. Estamos a la espera de descubrir un día que cuece los espaguetis en la bañera o algo así. Y si fuera eso, podríamos darnos con un canto en los dientes.
Septiembre 2007
Pero como todo en esta vida es cíclico, se acabó lo que se daba. Primero vino el multar por mear en la calle, punto que suscribo al cien por cien, y su versión vomitera, más difícil de evitar pero igualmente una marranada. Después el dejar de beber en la calle, la lucha antigraffiti, la persecución a los skater (cuando esta ciudad es conocida como la meca mundial de dicho deporte). Hasta los toros han vuelto, para disgusto del PETA!
Fueron cayendo una cosa tras otra, hasta llegar el turno de las bicis, nuevo negocio del ayuntamiento de Barcelona. Se han sacado de la manga un nuevo transporte público, el bicing, que por un módico precio anual permite al usuario disponer de una bici en teoría en perfectas condiciones durante media hora, término en el que deberá depositarla en una parada y coger otra si se desea, es decir, concebido para trayectos cortos como si fuera de parada de metro a parada de metro se tratara.
La idea en sí era, y es, fantástica. Pero a puntito estuvo de morir de éxito cuando el número de usuarios de repente quintuplicó al número de bicis disponibles. No había suficientes bicis en las paradas, y menos en las más céntricas. Las bicis se estropeaban y el proyecto no contaba con un servicio de mantenimiento rápido y a la altura de las circunstancias. La gente bajaba de las zonas altas de la ciudad con la bici pero no las subía. Importantes sectores de la ciudad quedaban absolutamente marginados al no entrar dentro del mapa de bicing y los problemas se sucedían al tiempo que las tarjetas de los usuarios se desmagnetizaban y quedaban inútiles y a los nuevos no les llegaban las prometidas tarjetas a casa, ganando tiempo para tratar de regular la situación.
La contrapartida vino dada por este clima de regulación de la vida de los ciudadanos, esos incívicos seres. Saquemos un nueva normativa para las bicis comunes y corrientes y hagamos caja. Multemos a los que van por la acera si ésta no mide más de 5 metros, a los que dejen su bici enganchada en una farola, a los que no usen el carril bici, a los que no lleven luces delante y detrás y a los que no tengan timbre. Empezarán a tomarse en serio el hacerte soplar cuando circules en bici, imagen que tanta gracia me hacía meses ha cuando me examinaba de conducir. Y si tu bici es vieja y fea, estás jodido, chato. Para que todo esto surta efecto, al menos económico, digo yo que dentro de nada las bicis deberán estar matriculadas a efectos de cobrar las multas, con el consiguiente impuesto de matriculación. Y seguro obligatorio, y yo que sé qué más vendrá. Todos deberemos ser bicing, con sus bicis stándar, se acabó llevar la bici de la comunión tuneada.
Pero de todo esto lo que más me preocupa y con diferencia, es que presiento que en un breve lapso de tiempo me obligarán a llevar ese antiestético casco cuando circule tan monísima en mi bici. Y recuerdo a mi madre diciéndome, no hace mucho: "Te voy a mandar el casquito ese que usabas para montar a caballo de pequeña para que te lo pongas al circular".
Julio 2007
2. Me encantan los animales pero la mala suerte me persigue con ellos. A pesar de mis cuidados y buenas intenciones perdí un hamster por deshidratación, otro por enfriamiento, una tortuga por quemaduras graves y algún otro que se me olvida. Todos ellos están enterrados en el jardín de mi padre y me divierte imaginar a los arqueólogos del mañana desenterrando mi pequeño y particular ecosistema. Como castigo divino a todo esto, cargo la cruz de mi gata Trece, la gata más malvada del mundo que estoy convencida de que batirá records de longevidad.
3. En la adolescencia le di un sartenazo en la cabeza a un actor de cámara oculta de la televisión de Galicia y le abrí una brecha en la cabeza. Fue un accidente y todavía no entiendo porqué no salí en la tele.
4. Tengo muy mal genio, aunque este punto no explique la anécdota anterior. Sufro ataques de cólera repentinos que se apagan paulatinamente después de pegar cuatro gritos. También sufro de afonía crónica, por lo que durante un breve lapso de tiempo acudí a un foniatra que me obligaba a repetir una y otra vez "Platero es pequeño y peludo, tan suave que se diría que es de algodón" vocalizando exageradamente.
5. Me gusta dormir con patucos aún a sabiendas de que es malo para la circulación. Últimamente procuro no hacerlo debido al calor y a la reciente adquisición de "Bye, bye Celulitis" de Nivea.
6. Hasta hace poco vivía obsesionada con la escasez de agua y las acechantes restricciones, nunca entenderé bien el porqué. Ahora mi cerebro vive más relajado, dedicado a almacenar datos sobre Al salir de clase y a aprender el manejo del dreamweaver. Soy consciente de que mis obsesiones son variopintas.
7. Amo Barcelona con todas mis fuerzas y siento morriña cada vez que tengo que abandonarla, aunque sea por unos días. Me encanta asomarme a mi balcón al Paralel, sentarme en la Rambla del raval a tomar unas cervezas, recorrer una y otra vez las callejuelas de ciutat vella y sentarme en la Plaza del tripi a ver qué se cuece.
8. Actualmente me dedico a hacer máscaras de yeso, organizar gimkanas, limpiar heridas, secar lagrimones y a escuchar chistes de Jaimito. Me encantan los chistes de Jaimito. Pronto dejaré de trabajar con niños, espero.
Junio 2007
Mi anécdota favorita la conseguí el quinto año de carrera, en la asignatura de "Arqueología submarina" -creo que en algún momento ya hablé de mi vocación frustrada como arqueóloga, así que corramos un tupido velo-. Una tarde, en medio de las naves fenicias, griegas y romanas, no sé cómo salió a colación la batalla de Troya. Mi profe sostenía una teoría, supongo qué por ello salió el tema, ya que una teoría tan bella y acertada a mi juicio es para introducirla en cualquier conversación y dejar al auditorio patedefuá.
Pues resulta que todo el tema del caballo de Troya, de los griegos escondidos en su interior, de cómo lo introdujeron dentro de las murallas , era un simple error de traducción que se fue haciendo más grande con el paso de los años, creándose esa inverosímil historia mítica. Resulta que en origen pudo ser algo bastante más creíble e incluso real, ya que en esa época una de las naves griegas más frecuentes era la denominada "hyppos", con una cabeza de caballo en la proa, dando nombre a la embarcación. Los griegos estarían dentro del barco. El barco sería introducido dentro del puerto y como era costumbre en la antigüedad los puertos se cerraban por las noches, de ahí el tema de introducirlo dentro de las murallas. Y llegada la noche, todos los griegos desembarcando.
No es bella y súper creíble esta teoría?
Mayo 2007
Pues sí, señores míos, las tendencias han cambiado. Alguien ha corrido la voz y el sector servicios se ha visto alterado en sus principios más sagrados, seguidos a rajatabla en los últimos años. No encontré una sola inmobiliaria nueva, ni una, algo que me puso inmediatamente en alerta. Y lo que es peor, agárrense: una sola panadería nueva. Una.
Algún graciosillo se ha dedicado a difundir el bulo de que el negocio del momento son las tiendas de complementos, bisutería y demás baratijas de lunares/rayas/plumas de colores, procedentes del Lejano Oriente. Muerte al minimalismo en el tocador. Y los establecimientos de esta índole se centuplican por doquier, como moscas, con todo el peligro que conlleva la palabra complemento, ya que uno puede buenamente complementarse con una boa de plumas rosa chicle o bien con unos aros en las orejas que ni la aureola del Cristo del Buen Viaje, por complementarse que no quede. El caso es después encontrar quién se complemente con una.
También he visto una tienda de esas de botes de vitaminas tamaño XL, como las que atestaban Nueva York. Aún va a ser que en mi ciudad están más preocupados por el culto al cuerpo que por meterse una buena laconada entre pecho y espalda. O puede que se trate del mismo rumor que el caso anterior, que ya sería muy mala leche. Pero sólo este pensamiento me provoca una sonrisa y por primera vez en mucho tiempo tengo ganas de volver pronto.
